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ASÍ ERA FRANCISCO DE QUEVEDO

Cerró el portón de casa, en la calle del Niño, con dos vueltas de llave y se fué, apoyando  su bastón para no tropezar y dispuesto a cerrar su negocio de compraventa con D. Luis de Ansurez. A su llegada, el Sr. de Ansurez fué avisado por uno de sus criados de la llegada del poeta, y lo primero que hizo fue ordenar la retirada de su mujer, sus hijas y sus criadas. La fama de embustero galán le precedia. Evitado el peligro, se alejaba el problema. Nunca había conocido a un cojo más atractivo a las mujeres. Cuando Francisco de Quevedo llegó a entrada de la estancia, antes de pedir licencia para entrar, se atusó la blusa y estiró la capa. Se limpió los botines con la parte de atrás de las medias, recaló su sombrero y ajustó su espada. Luego empujó la puerta y entró en la habitación a que miraba al patio interior. - Sea vuestra merced bienvenido a esta casa, que es la suya. ¿En que puedo ayudar a su merced?- dijo el propietario.  - Vive Dios que nunca he sido tan bien recibido en n...

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