Una cama compartida

 


¿Vienes mucho por aquí? - le dijo él desplegando todo su armamento conquistador-. Seguro que no, porque si fuese así, me acordaría de tí. Alguien como tú, es difícil de olvidar y yo tengo mucha memoria. 

Luego tonteos, risas entrecortadas, miradas queriendo descubrirse, y al final unas copas en un bar de esos que se guardan en la memoria, para perderse si es necesario.

Habían pasado ya tres años. Tres años de felicidad inconsciente, y de vivir en el filo de la navaja. No necesitaban nada. Solo el sol en la ventana de su buhardilla  donde florecìa de vez en cuando un geraneo, un pequeño sofá recogido de la basura, una pequeña cocina y una cama donde cabía todo el amor y la pasión. Era el paraíso en Valladolid. 

Pero llegó un momento en que la vida ordinaria se interpuso en su vida idílica Estaba muy bien aquello en el amor y la pasión sin ambajes, vivir en la utopía de la libertad y del amor imprevisto. 

Así que se plantearon buscar algo  para mantener sus necesidades básicas. Ella lo encontró  de reponedora durante doce horas diarias en un almacén, y él en un bar de putas, como camarero encargado, donde ponía copas, controlaba el almacén, y hacia el corte de caja al cerrar.

Y sin querer entraron en la vida anodina de la mayoría de sus  ciudadanos. Trabajar para vivir. Rutina diaria. 

Y llegó el momento en que solo se veían unos minutos o alguna hora al día donde, cada vez menos, daban rienda suelta a sus pasiones. Había semanas que solo se veían cuando ella se iba, y él llegaba del trabajo. Y ello llevó a una situación de abrazos, besos y de encuentro gelidos y automáticos.

*******

Aquella noche fría de invierno, a las 3 de la mañana, en la comisaría de distrito se ponía en marcha la operación contra la prostitución encubierta en varios locales de la zona, y entre los "agraciados", estaba el local donde trabajaba él. Por eso a las 4,30 de la mañana, tras control de policía, registro y orden de cierre, hizo caja y cerró el bar. 

Con paso cansado inició la cuesta que llevaba a su casa, y cuando llegó al portal vio que la puerta estaba entreabierta y notó algún ruido dentro. Por precaución, ya que llevaba consigo la recaudación de la noche,  abrió la navaja  y empujó lentamente una de las viejas hojas de madera de la entrada.

En el primer momento solo vislumbró una pareja besándose con ansiedad, y se sintió más tranquilo y seguro. Pero según fué avanzando, reconoció a su pareja. Entonces una nube negra de odio y resentimiento nubló su vista y su consciencia, y se fue contra él, mientras que ella escapaba escaleras arriba. 

Empujones, puñetazos, gritos.... y de repente sintió un golpe punzante y mortal en su pecho. Cayó al suelo notando que la vida se le escapaba, hasta que todo fué frío y poco a poco oscuridad. 

Al día siguiente  el diario local en la página de sucesos, abría con la noticia : Un drogadicto en plena ansiedad, hiere y mata a Mario Postigo, mientras su novia es testigo desde el portal. 


Basado en la canción: Cruz de navajas. Mecano


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