La sonrisa del corredor de fondo

 



Se levanta  pronto, muy pronto. Cuando está a punto de amenecer y la sabána trae una leve brisa fresca que presagia un nuevo día de calor sofocante, y  exhala al aire sus mejores olores. 

Tras sus abluciones y sus rezos, prepara sobre los rescoldos de la noche anterior, un té de hierbas y una torta de fofú que por lo general es  practicamente toda su comida diaria;  y que tras ese frugal refrigerio se prepara para otro día de pastoreo, allá en los campos de altas hierbas, lejos,... muy lejos. Donde pasta su ganado.

 Y como no puede permitirse el lujo de comprar una vieja  bicicleta, se va  corriendo los diez kilometros, que separa su humilde choza de adobe de donde pace su ganado.

 Pero no se queja. Corre y corre feliz, pensando que cuando venda alguna de sus reses tendrá para saldar las cuentas de la escuela y con ello poder seguir pagando la educación de sus dos hijos, en Malabebe. 

Hijos que no tendrán que sufrir ni trabajar lo que él. Que tendrán  un buen trabajo, en buena ciudad, donde la gente no mueren  por falta de medios como le había pasado a su querida esposa  Ennia.

Y en este pensar, corre y corre sin sentir el dolor de sus piernas, sin sentir el calor que se ceba sobre su curtida y reseca piel, solo bebiendo de vez en cuando un poco de agua, ..y al fin   llega a la parte alta de la loma, y cuenta rapidamente  su ganado,  Entonces en su cara se refleja  una amplia y luminosa sonrisa cuando confirma  que no falta ninguna res.  

Luego, baja  la loma nervioso como aquel que tiene miedo a llegar tarde. Su pequeño y delgado cuerpo se siente como  un ánfora  repleta de ilusiones y promesas de futuro. 

Allí sentado a la sombra, bajo el baobad y esperando por él esta el Sr. Ndende,  que compra ganado para la ciudad y paga bien. Entonces se acerca exultante de alegría...y le saluda reverencialmente.

 -Usted es el futuro próximo de mis hijos, le dice mientras lanza al cielo una carcajada.

  













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