Ingreso en la U.C.I
Nunca en toda su larga vida había estado internada en un hospital . Se sentía atenazada por el miedo a todo aquello desconocido, y al desamparo de pasar sola por aquella situación. Era incapaz de expresar una sola palabra.
Un entorno de maquinas que indicaban lecturas como agujas hirientes, y un ir y venir acelerado de personas sin rostro, vestidas por motivo del coronavirus como había visto en la televisión, generaban en ella tanto desasosiego...
Sus lágrimas de desolación brotaron de manera incontenible.
Entonces una enfermera joven se acercó a su cama, e intentó ofrecerle consuelo.
Ella sintió su mano cálida a través del guante azul y ambas se miraron a los ojos. En ese momento las dos notaron sus miedos recíprocos, y una cálida y caudalosa corriente de empatía, como la confluencia de dos ríos amazónicos, inundó sus cuerpos.
- Por ti resistiré, y venceremos-se dijeron con la mirada.

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