Estación de llegada
Nada más me preocupa. No espero un cielo de ángeles y querubines, ni un infierno atestado de demonios. No espero un estado etéreo e infinito. No me gustaría la condición de ser ingravido y eterno. Debe de ser muy aburrido, ser solo un ente.
Por eso me gustaría que hubiese dos tipos de "cielo" a la vez. Así podría alternar la estancia en cada uno de ellos para matar el tiempo. No en vano, tengo que pensar que tendré toda la eternidad por delante.
Bueno más que gustarme, creo que existen.
Uno, el Cielo de mi sangre. Allí podré reencontrarme con mis seres queridos y mis amigos. También conoceré a todos mis antepasados, y podrán contarme cómo fueron sus vidas, las que generaron la mía. Y yo emocionado y parlanchin, les hablaré de mi.
Y a la sombra de una parra charlaremos, y cantaremos con la compañía de un buen vino.
¡ Eso si debe ser un buen cielo!
O si queremos llamarlo de otra manera, un buen plano superior.
También iré al segundo cielo. El Cielo de las aficiones.
En el Cielo de las aficiones, puedes dedicarte a disfrutar de todo aquello que te gustaba hacer en esta vida.
Allí existe el Cielo de los pescadores, el Cielo de los recolectores de setas, el Cielo de los fabricantes de jabónes naturales ...y así miles de cielos distintos.
Porque estoy seguro que aquellos que conocí y quise, están en esos cielos esperando nuestra llegada.
Y cuando esté allí, también yo cada mañana, correré nervioso y expectante a la Estación de los Cielos, y leeré la lista de los pasajeros que se esperan ese día, para que cuando vengan, poder reencontrarme con mis seres queridos y estaré encantado de charlar y pasear con ellos, enseñándoles también, sus cielos.
También iré al segundo cielo. El Cielo de las aficiones.
En el Cielo de las aficiones, puedes dedicarte a disfrutar de todo aquello que te gustaba hacer en esta vida.
Allí existe el Cielo de los pescadores, el Cielo de los recolectores de setas, el Cielo de los fabricantes de jabónes naturales ...y así miles de cielos distintos.
Porque estoy seguro que aquellos que conocí y quise, están en esos cielos esperando nuestra llegada.
Y cuando esté allí, también yo cada mañana, correré nervioso y expectante a la Estación de los Cielos, y leeré la lista de los pasajeros que se esperan ese día, para que cuando vengan, poder reencontrarme con mis seres queridos y estaré encantado de charlar y pasear con ellos, enseñándoles también, sus cielos.


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