Difícil decision


El jefe de la sección local del periódico recibió una  extraña carta, firmada con un nombre a todas luces falso y que espoleó su interés.
Decía:
           Soy anestesista de un gran hospital de esta ciudad. No sé si escribo esto para descargar mi sentimiento de culpa, o para buscar justificar  mis actos.
Esta pandemia, desgraciadamente, nos está llevando a tomar  decisiones que nos llevan al límite de la ética. Decisiones que nunca hubiéramos pensado.
Porque yo me pregunto, ¿cuál es más importante, la vida de un paciente o la de tu propia familia?
¿Sabía usted que sin la presencia de un anestesista, no se puede llevar a cabo una operación quirúrgica?
Esta semana, un paciente con una perforación intestinal, y positivo en Covid 19,necesitó de una operación urgente y yo al no tener la seguridad de no contaminarme, me negué a estar presente en el quirofano.
Tal operación no se llevó a cabo por mi intencionada ausencia y el paciente falleció
No tengo miedo a la denuncia y el escándalo. Seguro que  conoce usted de sobra el arraigado corporativismo que une a la profesión, y que crea un telón de silencio defensivo.
El paciente tenía 80 años, y yo tengo dos hijos de cuatro y uno respectivamente.
Póngase en mi lugar. Usted ¿Qué habría hecho?

El veterano periodista, tras leer nervioso varias veces la misiva, se encontró ante su propia disyuntiva, su propio dilema, afrontando una dura y difícil decisión. ¿Debería denunciar a las autoridades a quien dejó morir a su padre  o mantener la confidencialidad que exigía el secreto profesional?

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