El pintor y la infanta



– No, no y no. Te he dicho que no . Que no la quiero por allí   atravesada. Que no hay quien la aguante.   Que estoy de la infanta hasta el mismísimo bigote.

– Pero maestro . Es la hija de los reyes, es la infanta Doña Margarita.

– Pero, ¿es qué no puede ir a visitar a otro pintor?….un italiano de esos que tan de moda están ahora.

Es que no puedo con ella. No se está quieta en ningún momento. Ahora juega con el perro, ahora les hace chanzas a sus meninas, luego juega con Nicolas, coge los pinceles….y cuando la reprendes, al final siempre un berrinche.

Necesito concentración para terminar el retrato de sus majestades los reyes, antes del verano

Además no ves que no es “completa”. Si se le nota a la legua.

– La maldita endogamia, maestro. Que quiere, hija y sobrina de su madre a la vez.

Así todo, peor sería que tuviera que recibir a su hermano Carlos. Ese sí que no tiene arreglo.

Velázquez alzó los ojos y resoplando dijo:--Bueeno, vamos allá. Todo sea por mantener el cargo de pintor de cámara.

Cuando llegó a su estudio, la infanta ya estaba allí junto con sus padres.

El pintor dió los buenos días y adelantando su pierna derecha, hizo una reverencia a la familia real, y luego poniendo un falso  semblante risueño, preguntó a la infanta:

– ¿ Como se encuentra su alteza hoy?

Ella le miró con cara de asco y respondió: – Que sepáis que aunque mi padre, el rey, os considere un gran pintor; espero no aparecer en ninguno de vuestros cuadros. Y le gritó: ¡ cuatro ojos!

Velázquez se mordió la lengua , y pensó. “ Señor, dame paciencia”

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